viernes, 19 de junio de 2015

CO2UH




Por José R. López

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Pensado más de veinte veces en los últimos cinco meses
Inicio 150602L, 7:27 amhv

Una noche a mediados de Marzo de 1960 desde una pequeña caseta en la azotea de la Escuela de Ingeniería la CO2UH, la primera y quizá única estación de radioaficionado que ha tenido la UH, hizo su primera llamada general en la banda de 40 metros. Hice yo esa primera llamada, que estaba acompañado de otros dos o tres estudiantes de ingeniería eléctrica.


Más o menos dije así: “CQ40, CQ40, llamada general, Aquí la CO2UH de la Asociación de Estudiantes de Ingeniería haciendo su primera llamada general en la banda de 40 metros”. Repetí lo anterior dos veces más y a continuación añadí: “Si alguien está escuchando esta llamada, por favor darnos un comprendido”, lo cual también repetí dos veces más, para finalmente decir: “Cambio”.
Me puse a rastrear la banda de 40 metros y antes de un minuto oí la primera respuesta a nuestro llamado. Era un radioaficionado de La Habana cuyo nombre era Ramón Ovides. Cuando nos pasó el cambio le dije mi nombre e identifiqué mejor la estación. Le informé sobre los equipos que  estaba usando: Un pequeño transmisor de sólo 25 watt de potencia de salida en fonía y 40 en telegrafía, el cual yo había construido dos años antes cuando era radioaficionado en Santa Clara con las siglas CM6JL; y como receptor un pequeño Hallicrafter, que no recuerdo, ahora en el 2015,  de dónde lo saqué, al que tuve hacerle una gran reparación y ajuste, pues parece que había estado tirado durante varios años.
Ovides me expresó su deseo de conocernos personalmente y ver nuestra estación, lo cual acepté, fijando fecha y hora para un día próximo e intercambiamos nuestros números telefónicos.
Esa primera noche, después de conversar con Ramón Ovides otro radioaficionado contestó nuestra llamada general. Era la CO8AL, los Ocho Angelitos Locos, un radioaficionado oriental, cuyo nombre ya no recuerdo, con el que había hablado casi dos años antes cuando yo vivía en Santa Clara. Finalmente, esa primera noche también respondió el llamado un radioaficionado de Estados Unidos.
Continuará

Continúo 160310J
Al día siguiente llame a Ovides y acordamos la fecha de su visita que ocurrió dos o tres dias después. Esa noche subimos Ovides, dos de nuestros operadores y yo a la azotea para mostrarle nuestra caseta con sus modestísimos equipos.
Ovides se asombro que con un transmisor de solo 25 Watt en fonía y un radio destartalado estuviéramos trabajando. Nos hizo una oferta imposible de rechazar, prestarnos un transmisor de 90 Watt y un radio decente. La oferta se hizo realidad casi de inmediato. Vinieron Ramón Ovides y su hijo con sus aparatos y en menos de una hora estábamos usándolos.
Después que nos despedimos les dije a mis compañeros operadores que los otros equipos los debíamos llevar para Dos Arroyos en el Escambray, donde estaba desde hacia poco mas de un mes la escuela de la Brigada Universitaria José Antonio Echeverría.


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